The walls seemed to crawl closer as the seconds were decapitated by the ticking hands of the clock. His pounding heart repeatedly assaulted his ears, while his eyes were being attacked by the blinding whiteness of the room. The metallic taste of aged coffee scratched his dry tongue, and the nausea slugged from his stomach to his head.
His name came through the lips of the woman in black. She wasn't there before... or perhaps she was. Perhaps she had been white and blended with the walls. Perhaps she didnt exist at all. She screamed this time, and the mad trail hidden in the mildest tones of her voice hit the walls and echoed chaotic throughout the room.
He covered his ears with his hands, he wanted to stand up but an invisible force grounded him to the floor, as if tons of dry water were being poured over his head and shoulders. That seemed plausible, he was drowning as well.
He raised his head, and his pledge for silence extinguished in his throat, the screeching wails persisted, but she wasnt there. Maybe she was white again. Or maybe she turned red, and laid on the floor.
09 julio 2010
21 junio 2010
Un segundo
Mis manos se cerraron sobre las tuyas, por tan solo un segundo.
Pero los segundos se miden en función de los granos de arena que caen al vacío, no por las emociones que contienen, el sistema internacional carece de medida apropiada para el tiempo en ese sentido.
Imagina eso, como sería el tiempo medido así, realmente cuanto viviríamos. Los días convencionales serian infinitesimales, despreciables comparados a esos pocos segundos, minutos u horas.
Cuanto tiempo podría reclamar como mío en tu cronometro. Menos que lo que hay tuyo en el mío. No es un reclamo, es un mero dato estadístico. Apenas unas cuantas semanas convencionales y cada vez menos tiempo de mi cronometro es tuyo. A veces me asusta lo rápido que puedo levantar muros. Me asusta un poco más la posibilidad de que verte de nuevo no puedas tirar al menos algunos tabiques. Desgraciadamente en mi país todo es un asco menos las compañías constructoras, pero que puede hacerse al respecto, la geografía siempre es un factor determinante para el desarrollo de una nación. La geografía y las epidemias. Pero mi pueblo, como todos los demás ilusos antes que ellos, conserva la esperanza.
La esperanza de tener mis manos sobre las tuyas
Un segundo más.
Pero los segundos se miden en función de los granos de arena que caen al vacío, no por las emociones que contienen, el sistema internacional carece de medida apropiada para el tiempo en ese sentido.
Imagina eso, como sería el tiempo medido así, realmente cuanto viviríamos. Los días convencionales serian infinitesimales, despreciables comparados a esos pocos segundos, minutos u horas.
Cuanto tiempo podría reclamar como mío en tu cronometro. Menos que lo que hay tuyo en el mío. No es un reclamo, es un mero dato estadístico. Apenas unas cuantas semanas convencionales y cada vez menos tiempo de mi cronometro es tuyo. A veces me asusta lo rápido que puedo levantar muros. Me asusta un poco más la posibilidad de que verte de nuevo no puedas tirar al menos algunos tabiques. Desgraciadamente en mi país todo es un asco menos las compañías constructoras, pero que puede hacerse al respecto, la geografía siempre es un factor determinante para el desarrollo de una nación. La geografía y las epidemias. Pero mi pueblo, como todos los demás ilusos antes que ellos, conserva la esperanza.
La esperanza de tener mis manos sobre las tuyas
Un segundo más.
01 marzo 2010
Gotas
Hay una gotera en el techo, y afuera llueve.Una gota cae con un ruido sordo sobre la alfombra podrida, agrandando el charco de agua turbia. Otra gota es arrancada y sigue el destino de su hermana, forma una esfera cristalina perfecta justo antes de estrellarse. Unos párpados cierran las ventanas del rostro vacío de un cuerpo ya sin alma. Las pestañas se entrelazan una última vez.
Los músculos de los dedos presionan temblorosamente sobre el gatillo, que se resiste. Los maxilares se aprietan uno contra el otro, el abrazo final. La resistencia cede. El estruendo de la pólvora al explotar revienta los tímpanos, y el trozo de plomo desgarra piel, atraviesa hueso y apaga la luz. Otra gota cae al suelo.
Los músculos de los dedos presionan temblorosamente sobre el gatillo, que se resiste. Los maxilares se aprietan uno contra el otro, el abrazo final. La resistencia cede. El estruendo de la pólvora al explotar revienta los tímpanos, y el trozo de plomo desgarra piel, atraviesa hueso y apaga la luz. Otra gota cae al suelo.
11 febrero 2010
Amor de papelería
La hubiera escrito con lápiz
se iría con un borrador...
pero la anoté con pluma
si no es que con marcador
Quítenmela con tijeras
mándenla al archivador
pónganle encima un post-it
borrenla con corrector
Debí usar cinta adhesiva...
a lo mucho resistol
nunca usen engrapadora
cuando se trata de amor
se iría con un borrador...
pero la anoté con pluma
si no es que con marcador
Quítenmela con tijeras
mándenla al archivador
pónganle encima un post-it
borrenla con corrector
Debí usar cinta adhesiva...
a lo mucho resistol
nunca usen engrapadora
cuando se trata de amor
19 diciembre 2009
Documento en blanco
Las luces estan apagadas, solo el frio brillo del monitor alumbra su rostro demacrado, con las làgrimas siguiendo el rumbo indicado por las prominentes ojeras, particularmente evidentes dada la palidez enfermiza que presenta desde ayer y la luz blanquecina. El flujo de ideas azota contra su cabeza, pero la barrita vertical pulsando insistentemente sobre el documento en blanco le devuelve cinicamente la mirada.
Con los codos sobre la mesa pasa sus dedos entre el cabello enmarañado y permanece asi, cabizbaja, un largo rato para regresar a contemplar el monitor.
Finalmente, tal vez minutos, tal ves horas despues, acerca las manos temblorosas al teclado, y las lìneas comienzan a fluir.
Nunca crei que habria un instante en el que oir tu voz no me llenara de alegrìa
Pero entonces respondiste al telèfono.
Y... no sabes cuanto doliò... sentir los matices de preocupaciòn y decepciòn manchando la voz mas bonita del mundo.
¿Sabes? A veces creo que mi vida no tiene sentido, de hecho casi todo el tiempo
pero cuando nada vale la pena... apareces siempre tu, y entonces existir vuelve a servir para algo.
Y se que es estupido
y suena cursi
pero quiero ser alguien por ti
Finalmente... sere una decepciòn para la mayorìa
es lo que se logra cuando uno se construye sobre mascaras y mentiras
a veces ni yo misma se realmente quien soy
pero contigo... soy yo, lo que sea que eso signifique, contigo estoy viva, y no actuando una vida (una mala actuaciòn , por cierto)
Damita, te quiero tanto... no quiero ser una decepciòn para ti.
Perdoname
Ahora eran las letras las que le observaban desde el monitor, solemnemente demandando ser recitadas en voz alta ante su destinatario.
Vuelve a apoyar la cabeza sobre sus manos.
"Patètico" se dice, levantàndose con desgano y apagando el monitor, dejando el cuarto completamente a oscuras.
Con los codos sobre la mesa pasa sus dedos entre el cabello enmarañado y permanece asi, cabizbaja, un largo rato para regresar a contemplar el monitor.
Finalmente, tal vez minutos, tal ves horas despues, acerca las manos temblorosas al teclado, y las lìneas comienzan a fluir.
Nunca crei que habria un instante en el que oir tu voz no me llenara de alegrìa
Pero entonces respondiste al telèfono.
Y... no sabes cuanto doliò... sentir los matices de preocupaciòn y decepciòn manchando la voz mas bonita del mundo.
¿Sabes? A veces creo que mi vida no tiene sentido, de hecho casi todo el tiempo
pero cuando nada vale la pena... apareces siempre tu, y entonces existir vuelve a servir para algo.
Y se que es estupido
y suena cursi
pero quiero ser alguien por ti
Finalmente... sere una decepciòn para la mayorìa
es lo que se logra cuando uno se construye sobre mascaras y mentiras
a veces ni yo misma se realmente quien soy
pero contigo... soy yo, lo que sea que eso signifique, contigo estoy viva, y no actuando una vida (una mala actuaciòn , por cierto)
Damita, te quiero tanto... no quiero ser una decepciòn para ti.
Perdoname
Ahora eran las letras las que le observaban desde el monitor, solemnemente demandando ser recitadas en voz alta ante su destinatario.
Vuelve a apoyar la cabeza sobre sus manos.
"Patètico" se dice, levantàndose con desgano y apagando el monitor, dejando el cuarto completamente a oscuras.
18 noviembre 2009
Cuartos I
Ven, quiero que conozcas a alguien, abre la puerta. Esta es su habitación. Es difícil encontrar un centímetro libre en la pared, uno que no esté cubierto por imágenes de revistas, con fotos de animales, con dibujos o rayones. Hay también un sistema de hélices que giran al jalar el hilo de colores. Del techo cuelgan insectos de plástico, que se balancean lentamente por el viento que entra por la ventana entreabierta.
El sol se está poniendo, sus rayos entran casi horizontalmente, cubriendo todo con un melancólico tono naranja y sombras, que hacen que se vean las virutas de polvo bailar desanimadamente en el aire. Hay una cama, con un edredón descolorido de color verde militar, con animales de peluche y libros encima, las sábanas revueltas. La última persona que descanso allí estaba demasiado cansada como para levantar las cobijas.
Hay una mesita a un lado de la cama, con una lámpara de la que cuelgan algunos collares y hojas secas, todas de distintas plantas, un despertador sin baterías y una colección de aquellas cosas que suelen salir de los bolsillos, aun cuando uno jamás logre recordar cómo llegaron allí en primer lugar: Clips de colores, canicas, trocitos de espejo, uno que otro envoltorio, una foto doblada...
El cajón de la mesita está abierto. Si te asomas puedes sentir los recuerdos que descansan en las pequeñas cosas guardadas adentro… un arete de vidrio rosa en una cajita de vidrio, un carrito de juguete, un cabello envuelto en un papel… pulseras, apuntes, cartas… Del armario asoman la manga de una camisa negra y un zapato, suficiente para saber que el interior parece haber dado asilo a un tornado.
Cuidado con tropezarte, hay cajetillas de cigarro y botellas de coca-cola vacías dispersas sobre el suelo de madera, entre apuntes arrugados, algunos de física, con ecuaciones buscando algún sentido entre las líneas, números y esquemas, y otros el inicio de alguna novela que no verá nunca un final.
Si quieres puedes apagar la música, porque ya sé que estas cansado de la misma sencilla y triste melodía de piano que se repite una y otra vez en la lista de reproducción de la computadora que está sobre el escritorio, junto a una iguana en un frasco de formol, muerta o inmortalizada no lo sé, es probable que ambas. Un vaso lleno de plumas y flores secas sirve de apoyo a un portarretratos con el vidrio roto.
Tal vez ahora seas quien mas conoce a la figura que esta tirada en la otra esquina de este cuarto, encogida con la cabeza entre los brazos… No te recomiendo acercarte, la sangre en el suelo puede ensuciarte los zapatos.
El sol se está poniendo, sus rayos entran casi horizontalmente, cubriendo todo con un melancólico tono naranja y sombras, que hacen que se vean las virutas de polvo bailar desanimadamente en el aire. Hay una cama, con un edredón descolorido de color verde militar, con animales de peluche y libros encima, las sábanas revueltas. La última persona que descanso allí estaba demasiado cansada como para levantar las cobijas.
Hay una mesita a un lado de la cama, con una lámpara de la que cuelgan algunos collares y hojas secas, todas de distintas plantas, un despertador sin baterías y una colección de aquellas cosas que suelen salir de los bolsillos, aun cuando uno jamás logre recordar cómo llegaron allí en primer lugar: Clips de colores, canicas, trocitos de espejo, uno que otro envoltorio, una foto doblada...
El cajón de la mesita está abierto. Si te asomas puedes sentir los recuerdos que descansan en las pequeñas cosas guardadas adentro… un arete de vidrio rosa en una cajita de vidrio, un carrito de juguete, un cabello envuelto en un papel… pulseras, apuntes, cartas… Del armario asoman la manga de una camisa negra y un zapato, suficiente para saber que el interior parece haber dado asilo a un tornado.
Cuidado con tropezarte, hay cajetillas de cigarro y botellas de coca-cola vacías dispersas sobre el suelo de madera, entre apuntes arrugados, algunos de física, con ecuaciones buscando algún sentido entre las líneas, números y esquemas, y otros el inicio de alguna novela que no verá nunca un final.
Si quieres puedes apagar la música, porque ya sé que estas cansado de la misma sencilla y triste melodía de piano que se repite una y otra vez en la lista de reproducción de la computadora que está sobre el escritorio, junto a una iguana en un frasco de formol, muerta o inmortalizada no lo sé, es probable que ambas. Un vaso lleno de plumas y flores secas sirve de apoyo a un portarretratos con el vidrio roto.
Tal vez ahora seas quien mas conoce a la figura que esta tirada en la otra esquina de este cuarto, encogida con la cabeza entre los brazos… No te recomiendo acercarte, la sangre en el suelo puede ensuciarte los zapatos.
Navajas
Él la mira a los ojos.
Ella le devuelve la mirada, sus ojos irritados, evidencian que ha estado llorando. Es una mujer bonita, de rasgos geométricamente armoniosos, pero una mueca distorsiona las delicadas facciones de su rostro mientras lo contempla silenciosamente, con una expresión indefinida entre la incomprensión y el disgusto escritos en sus labios.
Él la observa con rabia, siente como si una llamarada de fuego ascendiera por su pecho y luchara por salir. Siente tanta rabia que es doloroso, como si le carcomiera por dentro, impidiéndole respirar.
Ella permanece de pie, inmóvil, la luz del único foco encendido iluminando agresivamente su cuerpo desnudo. Se estremece, y el delgado vello que cubre sus brazos se eriza.
Él desliza la mirada por su cuerpo, repasando de manera dolorosamente lenta cada centímetro de piel, cada curva en su figura, cada uno de sus cabellos.
Ella se estremece, las lágrimas luchan por asomar de nuevo en sus ojos y frunce los labios, tallándose bruscamente con un brazo, enojada consigo misma por el impulso imperante de llorar.
El la odia, con cada idea, cada memoria, y cada sentimiento la odia, y el sentimiento le envuelve, dando vueltas alrededor de su cabeza hasta ser casi insoportable. Dirige el golpe hacia su cabeza, concentrando toda la energía de su cuerpo en su brazo.
El impacto hace que el espejo estalle en cientos de pequeñas navajas, que reflejan la luz en distintos ángulos recordando a una lluvia de estrellas, antes de tocar el suelo con un estruendo. Las gotas de sangre y las lágrimas caen para hacerles compañía
Ella le devuelve la mirada, sus ojos irritados, evidencian que ha estado llorando. Es una mujer bonita, de rasgos geométricamente armoniosos, pero una mueca distorsiona las delicadas facciones de su rostro mientras lo contempla silenciosamente, con una expresión indefinida entre la incomprensión y el disgusto escritos en sus labios.
Él la observa con rabia, siente como si una llamarada de fuego ascendiera por su pecho y luchara por salir. Siente tanta rabia que es doloroso, como si le carcomiera por dentro, impidiéndole respirar.
Ella permanece de pie, inmóvil, la luz del único foco encendido iluminando agresivamente su cuerpo desnudo. Se estremece, y el delgado vello que cubre sus brazos se eriza.
Él desliza la mirada por su cuerpo, repasando de manera dolorosamente lenta cada centímetro de piel, cada curva en su figura, cada uno de sus cabellos.
Ella se estremece, las lágrimas luchan por asomar de nuevo en sus ojos y frunce los labios, tallándose bruscamente con un brazo, enojada consigo misma por el impulso imperante de llorar.
El la odia, con cada idea, cada memoria, y cada sentimiento la odia, y el sentimiento le envuelve, dando vueltas alrededor de su cabeza hasta ser casi insoportable. Dirige el golpe hacia su cabeza, concentrando toda la energía de su cuerpo en su brazo.
El impacto hace que el espejo estalle en cientos de pequeñas navajas, que reflejan la luz en distintos ángulos recordando a una lluvia de estrellas, antes de tocar el suelo con un estruendo. Las gotas de sangre y las lágrimas caen para hacerles compañía
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